Hoy te quiero compartir algo más personal y una estrategia que, si te pasa algo parecido a mí, te puede servir.
Imaginá esto:
Estás acostada en la cama, lista para dormir, pero de repente, sentís esa cosquillita en la mano que te dice que revises el celular. Y de inmediato cedés a ese impulso. Agarrás tu celular y ahí estás de nuevo, revisándolo cuando un momento antes te habías propuesto no hacerlo antes de dormir.
¿Alguna vez sentiste esa necesidad urgente de revisar el celular? Incluso cuando te propusiste evitar usarlo por las noches antes de dormir para acostarte con menos estímulos en tu mente, relajarte a medida que se acerca la hora de dormir o leer más por las noches.
Yo me lo propuse varias veces. Y sigue siendo un hábito que me cuesta, y mucho más desde que abrí Olimpiah.
Si te pasa algo parecido a mí, te quiero compartir algo sencillo para practicar.
Aclaro desde ya que esto que te voy a contar podés usarlo para cualquier conducta que quieras evitar hacer, como comprar cosas que te alejan de tus metas financieras, tomar alcohol cuando estás queriendo dejarlo, apagar la alarma y seguir durmiendo cuando querés levantarte más temprano o mirar más capítulos de esa serie que no podés dejar de ver.
Si agarramos el momento de estar revisando el celular en la cama y lo dividimos como si fueran escenas de una película, se vería algo así:
Escena 1: Algo aparece en el entorno (tu celular a la vista, la luz o el sonido del mismo, un gesto de alguien, etc.) o dentro de tu cuerpo (un pensamiento, una sensación física o una emoción).
Escena 2: Ganas (o impulso) de agarrar y revisar el celular.
Escena 3: Hacés la acción, es decir, revisas el celular.
Escena 4: Resultado. Que puede ser en forma de alivio de la sensación de cosquillas o de la ansiedad por ver si alguien te escribió, sorpresa o alegría si alguien lo hizo, calma por tener bajo control la incertidumbre, etc.
¿Tiene sentido esto que digo? ¿Podés notar algo así en tu experiencia?
Bien, ahora viene el truco.
Vamos a tomar esto y vamos a meter una escena más que será clave para realizar cambios.
Creeme: es una escena muy, muy sencilla. Y la vamos a llamar “Pausa deliberada”.
¿De qué va?
Como bien lo dice el título, te vas a proponer hacer una pausa.
Una pausa entre las ganas (escena 2) y la acción (escena 3). La misma puede ser de 5 o 10 minutos.
Ahora se vería así la nueva peli:
Escena 1: Lo que dispara tus ganas de agarrar el celular (pensamiento, emoción, verlo en la mesa, etc.).
Escena 2: Urgencia de hacer esa acción.
Escena 3: Pausa deliberada de 5 min/10 min (seguir haciendo eso que estabas haciendo o hacer otra acción).
Escena 4: Elegir qué hacer.
¿Por qué?
Los impulsos van y vienen. Así como las emociones o los pensamientos. Una de las cosas más efectivas y simples que podés hacer es no actuar ese impulso o esas ganas en ese inmediato momento.
¿Qué podés hacer?
Mover tu celular, esconderlo de tu vista, dárselo a tu pareja, sacarlo de la habitación y seguir con lo que estabas, si era leyendo seguir leyendo.
No va tanto de eliminar el hábito de revisar el celular por las noches, sino de reemplazar por otros que vos elijas más conscientemente..
Si pasado ese tiempo seguís con ganas de agarrar tu celular, agarrálo, o no, no importa.
Lo que sí importa no es tanto lo que hagas después de la pausa, lo importante es hacer la pausa.
¿Qué puede pasar?
Después de esa pausa, a menudo pasa que la urgencia se desvanece. O incluso si aún sentís la necesidad de revisar el celular, lo hacés con un enfoque más consciente y sin sentirte atrapada por la urgencia.
¿Por qué la Pausa importa?
La magia de la pausa radica en darnos tiempo para reconsiderar nuestras acciones.
Nos da espacio para elegir conscientemente en lugar de ceder ante el impulso inmediato.
Así que, la próxima vez que sientas esa urgencia de revisar el celular, recordá hacer la Pausa deliberada para ser vos la que elijas y no tu mente o tus impulsos.
Los grandes cambios en la vida vienen con pequeñísimos movimientos, como éste que te cuento, repetidos en el tiempo.








0 comentarios