La tristeza es una de las emociones que más nos cuenta, que nos brinda información valiosísima.
Y que, a pesar de que en mujeres sentirla está menos penalizado que en varones (uno de los grandes mandatos de la masculinidad es evitar expresar tristeza), aún así sigue siendo una emoción difícil de sentir. Hablemos de ella un momento.
La tristeza puede venir por varias razones.
Algunas de ellas son:
1- La pérdida de alguien por muerte, despedida o separación;
2- La pérdida de algo (la confianza en la pareja, la complicidad con una amiga, la proyección en un trabajo, etc.);
3- Ser rechazada o excluida de algo;
4- No ser valorada o respetada por alguien que te interesa;
5- Que no se dé algo que planeaste y deseas;
6- Identificar que tenés poco o nulo control sobre algo (que alguien cambie de conducta o decisión, por ejemplo);
7- Conocer, leer, escuchar sobre guerras, genocidios u otros problemas cerca o lejos tuyo; entre tantos otros eventos.
Pensamientos o interpretaciones que podemos hacer y que disparan la tristeza también:
1- Creer que no sos amada o elegida;
2- Creer que no volverás a amar a alguien luego de separarte;
3- Creer que no sos útil o valiosa;
4- Creer que no vas a conseguir nunca aquello que te proponés.
La tristeza también viene con cambios biológicos y experiencias internas:
1- Baja energía,
2- Dificultad para tragar,
3- Nudo en el pecho,
4- Ganas de estar en la cama o sola,
5- Sentir que una vez que empezás a llorar no podrás parar más (otra de las historias de la mente),
6- Falta de deseo sexual,
7- Falta o aumento de apetito, etc.
El impulso de acción es retraerse, aislarse, silenciarse, meterse para adentro.
¿Y por qué quiero hablar de la tristeza hoy y reivindicarla?
Porque pocas emociones nos dan tanta información como ella.
La tristeza es una linterna que se enciende y nos ilumina aquello que es importante para nosotras.
La tristeza aparece cuando perdimos o está en peligro algo que nos mueve. Algo que es valioso.
Y no hay nada más esclarecedor para conocer aquello que le da sentido a nuestra vida que aquello que tememos perder.
Sentimos tristeza cuando se nos aprieta el corazón y nos dice que hay algo ahí que le da sentido.
Y puede que a medida que lees se te vengan caritas de personas que valoras. Y es buena información.
Pero vayamos un paso más allá.
¿Qué cualidad tiene la relación con esa persona que te da temor perder?
¿Lealtad, afecto, atención, cariño, apoyo, complicidad, compañía, intimidad?
Si logramos despegar la cualidad que nos es valiosa nos trae a un segundo momento de este texto, que me es importantísimo compartírtelo.
Identificar qué cualidades en la vida nos mueven nos marca un norte.
Una dirección a donde dirigirnos con o sin esa persona, con o sin esa emoción, con o sin tu mente hablando.
Ya cierro que se me está quedando largo, pero quiero dar un ejemplo.
Si a partir de explorar qué hay detrás de la tristeza (es decir, ¿qué perdí o que está en peligro y puedo perder?) identifico que es, por ejemplo, el afecto, tengo una pepita de oro en mis manos.
Si el afecto es una cualidad que quiero cultivar, un segundo momento es hacer cosas (y acá puede que tenga que tomar riesgos porque, quizás, me de vergüenza mostrar afecto con otras personas fuera de mi círculo íntimo) para cultivar más de eso en mi vida.
La tristeza me muestra qué nos importa en la vida. Y nos cuenta qué pasos dar en dirección a cultivar más eso.
Cierro con una frase de Rumi que describe hermoso esto que hablamos:
“No muevas tu cabeza.
Continúa mirando al lugar lastimado.
Es ahí donde la Luz entra.»
Rumi
La otra cara de la moneda de la tristeza (y de este artículo) es conocer lo que te mueve en la vida.
Y creo, entre nosotras, que no hay nada más valioso que eso.









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