Hablemos de motivación que, como verán, es un tema que me fascina.
Y que está muy mal abordado en las redes.
Empecemos por lo que creo sobre querer guiar tu vida por la motivación.
Una vez le dije a una paciente que dejar guiar su día por la motivación era como dejar guiar su vida por la cantidad de veces que ganara un partido el equipo de fútbol de su ex.
¿La relación? Ninguno de los dos eventos estaba en sus manos.
Ni la motivación que sintiera ese día, ni el desempeño de ese equipo.
Le quedó tanto esa frase que la siguió trayendo tiempo después.
La frase fue útil para romper con la trampa de:
1ro -> primero motivación,
2do -> luego conducta.
Me explico. La motivación que sientes o tienes durante el día depende muy poco de ti.
¿Te imaginas decir «si mañana hacen más de 20 grados voy a anotarme al curso de finanzas, si hacen menos de 19 no»,
o “si este mes llueve 4 veces empiezo inglés, si en cambio llueve menos de 3 veces no lo hago”?
No tiene sentido, ¿no?
Decir si mañana me siento motivada voy a hacer mi clase de yoga, o si me levanto con ganas voy a sentarme a ver mis gastos y planificar mis números del mes es bastante parecido.
La cantidad de lluvia en el mes o el desempeño del equipo de fútbol del ex de mi paciente suenan fuera de tus manos.
Bueno, el cómo te levantes o cómo te sientas a las 6 de la tarde de mañana también.
Lo estoy exagerando porque es cierto que se pueden hacer algunas cosas para generar más o menos motivación, pero al final de todo no es lo importante.
Una quiere ganas para completar la tarea. Por lo que lo importante es completar la tarea.
Si hay ganas se siente mejor, claro, pero lo que crea la vida que quieres no son las ganas. Porque incluso con ganas podría pasar que no la lleves a cabo, porque se te complicó ese día, porque te enfermaste, porque se enfermó tu hijo, o lo que sea.
Sabiendo que tenemos poco que ver en la barrita de motivación que sintamos, ¿no crees que es mucho dejar el destino de tu vida en manos de las ganas que vayas a sentir (o no) esta tarde o el mes que viene?
Lo que comanda tu día no son tus ganas, son tus acciones.
Dicho esto acá van 3 claves que pueden ayudarte:
Primero:
Tener presente el para qué lo haces. Conectar con el propósito de por qué lo haces, o por qué arrancaste, qué tipo de persona quieres ser a través de eso.
Por ejemplo, hacer un doctorado, ¿qué te habías propuesto hacer a partir de completar el doctorado? Quizás ayudar a más personas, investigar sobre temas que te interesan y profundizar, dejar un impacto en tu comunidad, etc.
Segundo:
¿Cómo se ve mi vida si continuo haciendo lo que estoy haciendo, y qué pasa si en cambio hago ese cambio que me propuse hacer? ¿Cómo sería mi vida en un año si lo hago? ¿Y en 5 o en 10?
Conectar con ese tipo de visión de futuro sirve. Salir del cotidiano y mirarlo con la distancia suficiente para retomar motivación.
Tercero:
Reducir a pequeños pasos aquello que vas a hacer y tolerar el malestar. Necesitas tolerar ese malestar que te viene cuando estás por arrancar y no hay ganas en el momento.
¿Te sirve pensarlo así? Seguiré hablando de esto si les interesa.
Por ahora espero haberte convencido de perderle un poco el respeto que le tenemos a las ganas, de las que tenemos muy poco control, y ponerle más respeto y, en definitiva, más foco a los que sí está bajo nuestro control.









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