¿Alguna vez te diste cuenta de que monitoreás el estado de ánimo de las personas que querés?
Que cuando tu pareja llega a casa y está más silenciosa, algo en vos se activa, y en vez de continuar con lo que tenías pensado hacer para cerrar tu día cambiás de planes para cambiarle el ánimo a alguien que no te lo pidió.
Que cuando tu madre suena molesta en el teléfono porque no la llamaste con la frecuencia que ella espera, empezás a sobrecompensar sin que ella te haya comunicado nada. Y una conversación que planeaste de 10 minutos acaba siendo de 40.
Lo que en este momento puede que estés pensando es que eso es amor. Y aunque lo parezca hay algo más profundo que eso.
Hacerse cargo del estado emocional del otro no es lo mismo que cuidar.
Lo tenemos tan naturalizado que ni siquiera somos conscientes cuando lo hacemos. Aprendimos que estar atentas al otro es una forma de querer. Y en parte lo es. Pero hay un punto en el que esa atención deja de ser cuidado y se convierte en carga, estar pendiente e incluso control.
Y hay algo más que hablo en el episodio que probablemente reconocés: qué pasa cuando el otro no está tan pendiente de vos como vos lo estás de esa persona. Cuando sos vos la que necesita y el otro no aparece de la misma manera.
Ese enfado o ese malestar te dice algo. Y no es lo que pensás.
En el episodio de hoy hablo de todo esto. De cómo se aprende ese patrón, cómo aparece en la pareja, la familia, las amistades y la maternidad. Y de la diferencia real entre estar atenta y hacerse cargo.














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