Hay una forma muy habitual de procesar la frustración: ponerla afuera. En lo que hicieron o dejaron de hacer los demás, en lo que deberían cambiar, en lo que finalmente deberían ver. Y el problema de eso no es que esté mal sentirlo, sino que nos deja esperando que el mundo cambie para poder estar bien.
En este episodio hablamos de por qué la frustración se acumula, cómo la socialización de género nos enseñó a estar disponibles sin elegirlo, y cómo lidiar con las expectativas dentro de las relaciones.
También exploramos el locus de control, la diferencia entre hacer eligiendo y hacer desde la obligación, y qué hacer cuando aquellos que tenemos cerca no cambian y eso nos frustra y nos duele.
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